Reportajes

BASÍLICA GUADALUPE: UN PEDAZO DE CIELO

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Por María Guadalupe Castillero

Hablar de turismo religioso y tener la oportunidad de dar testimonio al lector de uno de los eventos más sagrados y trascendentales para la Iglesia Católica, es quizás una de las experiencias más fascinantes que se puede tener como instrumento de comunicación.

La Basílica Nuestra Señora María de Guadalupe, está ubicada al sur de la privilegiada capital de México. En el año 1531 la virgen en su advocación de Guadalupe se le apareció al indio Juan Diego, siendo estas sus palabras: “Mucho deseo que aquí se me construya un templo”. “Ahí estará dispuesta a escuchar sus llantos, su tristeza, para purificar, curar todas las diferentes miserias, sus penas y sus dolores”.  Este acontecimiento que marcó el inicio de la evangelización latinoamericana reúne a millones de feligreses todos los días del año, en especial, cada 12 de diciembre al conmemorársele  su día, esto según el mexicano Edson Gallegos, mientras que Ana Madriz, turista panameña, dijo “saberse en presencia de este lugar que fue pisado por Guadalupe es como tener la oportunidad de tocar un pedazo de cielo”.

Conjunto arquitectónico religioso

Centenares de flores, velas y cartas de peticiones son dejadas diariamente por visitantes de todo el mundo con la esperanza de un milagro, señales u otras por simple agradecimiento, en cada una de las iglesias que forman parte del conjunto arquitectónico religioso alrededor de este hecho.  El recorrido comienza al pie del cerrito de Tepeyac, donde se construyó una capilla en honor al indio Juan Diego que es ilustrada en sus entrañas con pinturas de todos los sucesos de su primera aparición, en la falda del oriente de este mismo cerro, presenciará la Capilla del Pocito, en aquel entonces mucha gente comenzó a creer que al beber de las aguas de este pozo podrían ser sanados de enfermedades. Más adelante visualizará un templo de origen muy primitivo dedicado a los indios; al lado de este se encuentra la parroquia de Capuchinas que en años anteriores fue un convento, y al avanzar verá un extenso jardín de flores frescas rodeando una fuente en forma de cascada que simboliza la ofrenda de México a la virgen, allí muestran un pasaje hecho de roca con la escultura de la morenita, como cariñosamente le llama el mexicano a María, e indígenas llevándole ofrendas. Continuando, conocerá la Antigua Basílica que fue la primera edificación dedicada a la adoración de Guadalupe.

En el interior de la Nueva Basílica es donde reposa el manto celestial de la guadalupana, abierto al público para que pueda verlo trasladándose por medio de unas escaleras eléctricas, la misma posee un moderno estilo circular, de arquitectura  rudimentaria y es fácilmente reconocida por su techo color celeste. Y para darle un toque contemporáneo en esa plaza mariana existe un campanario o reloj astral muy apropiado al lugar que toca dos melodías de acuerdo a la ocasión.

Descubrimiento del manto de la virgen

El manto revela que ni la misma ciencia ha podido explicar, según Octavio García,  fabricante de vinos y artículos con la planta tipo Agave llamada Maguey, de la que está hecha la tela azul del manto solo puede durar hasta 15 años, pero actualmente el original lleva más de 480 años  y se mantiene intacto, además la temperatura de la fibra del agrave se mantiene constante a 36.6 grados la misma que el cuerpo de una persona viva.  Del mismo modo en la retina de sus ojos se ven sucesos que ella visualizaba, se muestra la cara de Juan Diego. Estudios oftalmológicos  alegan que ningún pintor podría retratarlo con tanta exactitud, por otra parte, estudios científicos no logran descubrir el origen de la coloración de la manta, no se detectan técnicas de pintura en la misma, por lo que la NASA ya afirmó que el material que origina sus colores no es ninguno de los elementos conocidos en la tierra.

El manto de tela azul  debía  durar  15  años, pero  actualmente  lleva  más de 480 años