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Paro docente deja aulas vacías y compromete la recuperación académica

Javier Collins Agnew
La Verdad Panamá

En su segundo día, el paro de 48 horas convocado por gremios magisteriales ha dejado un saldo preocupante: centros educativos semivacíos, clases suspendidas en muchos planteles y una afectación directa al proceso de enseñanza de miles de estudiantes en todo el país.

Aunque el Ministerio de Educación reportó una asistencia superior al 90% en algunas escuelas urbanas, en otras, especialmente en zonas rurales, la paralización fue casi total.

En el Instituto Fermín Naudeau, por ejemplo, los pocos estudiantes que acudieron lo hicieron únicamente para entregar trabajos pendientes.

“Yo vine porque el profesor pidió que entregáramos una tarea, pero no había nadie”, relató un alumno que regresó a casa sin recibir clases.

La escena se repitió en numerosos planteles donde la incertidumbre y la falta de orientación marcaron la jornada.

Pese a que algunos sectores respaldan las demandas de los educadores, crece la preocupación por las consecuencias inmediatas de estas medidas.

Padres de familia y especialistas advierten que, una vez más, son los estudiantes, especialmente los de áreas más vulnerables, quienes pagan el precio más alto.

“La lucha puede ser válida, pero detener las clases no puede seguir siendo la vía. Se están afectando los aprendizajes y acumulando retrasos difíciles de recuperar”, comentó una madre de familia.

En centros emblemáticos de Penonomé como la escuela secundaria Ángel María Herrera, la ausencia fue total.

Mientras tanto, en el colegio Federico Zúñiga, se reportó una asistencia de más del 90% gracias a la decisión de los docentes de mantenerse en sus aulas.

Desde la Dirección Regional de Educación se ha anunciado que se coordinará con los directores escolares la recuperación de los contenidos perdidos.

Sin embargo, no se ha explicado cómo se garantizará que esa recuperación sea efectiva ni qué mecanismos se aplicarán para evitar que esta práctica se repita sin consecuencias.

Cada día perdido representa una carga adicional para un sistema educativo ya golpeado por los rezagos de la pandemia y la falta de continuidad académica.

Aunque las protestas buscan presionar al Gobierno para atender viejas deudas con el sector docente, el costo lo asumen los estudiantes, quienes siguen viendo vulnerado su derecho a una educación continua y de calidad.